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LA INNOVACION COMO META NACIONAL

 

Por Eduardo R. Fernández

 


Muchos creen que los inventos, la tecnología, la ciencia y la innovación, como indicadores fehacientes del progreso y desarrollo de una sociedad, son un lujo que sólo pueden darse los países ricos.

La falacia no siempre evidente de ese razonamiento, es que los datos históricas nos demuestran que esos países llegaron a ser prósperos y desarrollados porque primero valoraron y estimularon a sus propios talentos nativos en las áreas de la actividad inventiva, la tecnología y la ciencia.

Cuando los inventos, los desarrollos tecnológicos y los descubrimientos científicos llegan al mercado, podemos hablar de innovación, es decir, la introducción efectiva de lo nuevo en un sistema de valores, usos y costumbres. Pero la innovación no puede verificarse cuando no se la considera como una meta nacional y un objetivo estratégico permanente.

Mientras los inventores, los técnicos y los científicos se encuentren desvinculados entre sí, y mientras no sean reconocidos, valorados y apoyados por sus propios gobiernos, a través de legislaciones modernas y eficientes, con oficinas de patentes altamente profesionalizadas y conscientes de su trascendente rol en el desarrollo de un país, la innovación no será posible. A todo esto debe agregarse la necesidad de general opinión pública para que los empresarios, inversores de riesgo, la prensa y el público en general logren percibir a los generadores de inventos, desarrollos tecnológicos y descubrimientos científicos como agentes de cambio de gran valor estratégico para el desarrollo de un país. Es decir que mientras la innovación como concepto no sea percibida como una ventaja competitiva nunca llegará a transformarse en un valor cultural perdurable.

Los tiempos heroicos, cuando los inventores independientes contribuían en forma decisiva en la primera y segunda etapa de la Revolución Industrial, cuando los talleres del Glasgow y las industrias norteamericanas abastecían al mudo con nuevos inventos y productos industrializados, ya han pasado. Esos países junto a otros de Europa y Asia, hoy en día utilizan estrategias y modelos más evolucionados. En la actualidad las oficinas de patentes altamente eficientes, los centros de innovación, el acceso a créditos, las legislaciones favorables a la creación de PyMEs de base tecnológica, y los departamentos de investigación y desarrollo de las grandes empresas, no sólo están muy vinculados entre si, sino que logran una gran sinergía con las universidades y los programas oficiales de sus propios países, lo que hace posible en definitiva vincular a los inventores y a los científicos con el mercado.

Inventiva tiene como objetivo principal favorecer y promover un vínculo fructífero entre todos los actores sociales relacionados con la práctica profesional de la actividad inventiva, los derechos de propiedad industrial, el sistema académico, los industriales y los inversores.

El desafío mayor seguramente será lograr que tanto los sectores con responsabilidad política, como los académicos y los teóricos de las finanzas puedan percibir que los inventores todavía son en el mundo de hoy, y con más seguridad en el futuro, una ventaja competitiva que puede y debe ser aprovechada como la "vía regia" que nos permita acceder a la innovación.

La innovación no es ni un proceso ni un instrumento, "la innovación es un resultado práctico de un modelo de negocio, basado en un producto, un proceso o un sistema tecnológico".

El instrumento para lograr la innovación es la "Gestión de la innovación", pero acceder a un uso inteligente y eficiente de ese instrumento también es un problema de percepción. El criterio esencial para lograr la innovación no es ni criterio técnico, ni científico, ni legal, sino comercial. Si no se percibe tempranamente la oportunidad y la ventaja comercial, nunca habrá innovación.

En el futuro cercano sería muy deseable que las autoridades de nuestro país decidan la creación de un Centro Nacional de Innovaciones, en donde puedan vincularse a los mejores proyectos de los inventores, los técnicos y los científicos locales, con las empresas y los inversores interesados en prosperar y competir exitosamente en todos los mercados, en base a la creación y explotación de innovaciones tecnológicas.

Ya es hora de dejar de sentirnos vanamente orgullosos por las riquezas que se encuentran en nuestro suelo, sobre lo cual no nos avala ningún mérito, sino de comenzar a sentirnos orgullos por las riquezas que somos capaces de inventar, desarrollar, fabricar y vender en todo el mundo. .

 

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