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EL MAGO DEL TORNO

 

Augusto Ulderico Cicaré: La historia de un inventor exitoso

El 24 de febrero último, la redacción de Inventiva, junto a un grupo de inventores pertenecientes a la Asociación Argentina de inventores, visitó en Saladillo, Pcia. de Buenos Aires, los talleres de Augusto Ulderico Cicaré, uno de los inventores más talentosos y con mayor prestigio internacional que ha dado nuestro país.

Luego de viajar unos 180 kms, desde la Capital Federal, llegamos a Saladillo un pueblo de 30.000 habitantes en el centro de la Pcia. de Buenos Aires. Como era la primera vez que visitábamos esta ciudad, y no sabíamos con exactitud en dónde se encontraban los talleres de Cicaré, preguntamos en una estación de servicio en la Rotonda de la Ruta 205.

“¿Industrias Cicaré?, ¿Pirincho?, responde el encargado de la estación de servicio, aludiendo al apodo con que todo el mundo aquí conoce a Augusto Cicaré. “Sigan por esa calle y a las diez cuadras van a ver sus talleres”. La primera sorpresa fue ver que la calle que nos habían indicado llevaba el nombre de : Augusto Ulderico Cicaré, esto se debe a que el 31 de julio de 1999, el Honorable Consejo Deliberante de Saladillo, por Decreto N° 10/99 impuso dicho nombre al acceso que comienza en la Rotonta de la Ruta 205 hasta el Aero Club local, como un homenaje y reconocimiento a la trayectoria y prestigio internacional del inventor local.

Veníamos con mucha curiosidad y entusiasmo, a entrevistar a un personaje tan notable como humilde, y tan reconocido como esforzado trabajador; nada menos que a un inventor independiente exitoso, que con muy escasa educación y con reducidos recursos técnicos y financieros se había convertido, luego de toda una vida de investigación y trabajo duro, en el primer inventor, diseñador y constructor de helicópteros de América latina, Cicaré es una persona sencilla, de gustos simples, cuyo único pasatiempo cuando no esta inventando es viajar y conocer lugares nuevos.

Augusto Cicaré, “Pirincho” para sus amigos y conocidos, el “mago del torno”, alguien que con sólo su ingenio, su perseverancia y su habilidad extraordinaria con el torno, había llevado a la práctica su sueño de la niñez: diseñar, construir y volar su propio helicóptero.

Todo comenzó entre 1942 y 1943, en Polvaredas, un pequeño pueblo a unos 30 kms de Saladillo, donde Cicaré había nacido el 25 de mayo de 1937. Por aquel entonces, con apenas 6 años de edad, tuvo acceso a un ejemplar de la revista Mecánica Popular, que un estanciero le había prestado a su padre, Augusto Francisco Cicaré, un tornero rural que reparaba máquinas agrícolas junto a sus hermanos, Victorio y Enrique Cicaré.

En esa revista pudo ver un artículo que se refería a los trabajos pioneros de Igor Ivanovich Sikorsy (1889-1972), inventor ruso-norteamericano, quien estaba trabajando en los EE.UU, con sus primeros y revolucionarios modelos de helicópteros.

Cicaré había sentido desde muy temprana edad una gran atracción por los aviones y los motores, pero al ver ese artículo sobre helicópteros se desarrolló en él una especie de revelación y entusiasmo muy profundos. De ahí en más la meta y el sueño de su vida sería poder diseñar, construir y volar su propio helicóptero. Una ambición temprana inusual, en un talento temprano también inusual.

Su madre, María Anunciada Ércoli, fue la primera en apoyarlo diciéndole que si se lo proponía y estaba dispuesto a trabajar duro, y a superar todas las dificultades que se le presentaran, seguramente lo iba a lograr. Pero también el ambiente que le brindaba el taller de su padre y el apoyo de sus tíos influyó grandemente para el desarrollo de su precoz talento como inventor.

 

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