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Pero
lo que queda mayoritariamente excluido o ignorado,
es el aspecto potencialmente más interesante y
productivo de ese tipo de empresas, es decir el
de las PyMEs de base tecnológica, el sector de
mayor crecimiento en los países desarrollados
y el que más beneficios económicos produce.
Este
tipo de PyMEs generan productos que son exportados
a los principales mercados mundiales, y están
protegidos por marcas, modelos y diseños industriales,
y principalmente por patentes de invención.
Al
realizar un análisis comparativo se advierte fácilmente
que las PyMEs de servicios, suelen requerir una
baja inversión inicial, tienen un mayor crecimiento
en poco tiempo, pero tienen además un techo de
crecimiento muy bajo, son prontamente debilitadas
por al competencia, generan escasos puestos de
trabajo, y poseen escasa o nula capacidad exportadora.
Sin
embargo, cuando se evalúan a las PyMEs de base
tecnológica desarrolladas a partir de patentes
de invención, se pone en evidencia que se trata
de empresas muy diferentes a las del primer grupo,
que si bien requieren una mayor inversión inicial,
son de crecimiento lento, y afrontan mayores riesgos
iniciales, tienen sin embargo la ventaja competitiva
de poseer un alto techo de crecimiento, una capacidad
comercial más prologada en el tiempo y con la
clara capacidad de generar mayores puestos de
trabajo y mayores beneficios económicos producto
de la actividad exportadora.
A
partir de este breve análisis es preciso resaltar
la importancia del manejo de conceptos muy claros
y precisos sobre la tecnología, la ciencia y la
innovación, a partir de los cuales planificar
las acciones que hagan posible los mejores resultados
prácticos.
Como ya se ha mencionado, la innovación no es
solamente "lo nuevo", como erróneamente se cree,
sino "la introducción exitosa de un nuevo
producto en el mercado", y para que esto
se verifique y se logren resultados positivos,
resulta imperioso promover el ejercicio profesional
y sistemático de la "Gestión de la Innovación",
disciplina que cada vea más tendrá un papel protagónico
en el mundo futuro, y del cual la Argentina no
debería estar ajena, si se desea tener éxito como
sociedad en todos los niveles.
Una vez que nuestros dirigentes, empresarios,
el sector académico, y los formadores de opinión
pública, comprendan el verdadero valor y significado
de la innovación, la misma se convertirá en uno
de los objetivos estratégicos nacionales. Y una
vez alcanzado el rango de "meta nacional",
el próximo paso será la planificación, organización
y puesta en actividad de un "Centro Nacional
de Innovación", capaz de coordinar y promover
las actividades relacionados con las PyMEs de
base tecnológica, de esto se trata en definitiva
la "Gestión de la Innovación".
Dentro de toda esta concepción, existe un recurso
social poco percibido y valorado en nuestro país,
y es el servicio que pueden prestar los inventores
profesionales independientes, una fuente no convencional
de proyectos capaces de generar el desarrollo
de PyMEs de base tecnológica.
En
tal sentido, es poco conocido el hecho histórico
que la Argentina es el país número 14 a nivel
mundial, en relación al número de inventores independientes,
el número de patentes locales y la cantidad total
de habitantes. Esto coloca a nuestro país en el
primer puesto en América latina y por encima de
muchos países importantes, como por ejemplo España,
Italia, Bélgica, Austria, Canadá y Australia.
Por otro lado cabe recordar que nuestro país es
el único país en toda Iberoamérica, que ha generado
históricamente a inventores e inventos de prestigio
internacional, como Raúl Pateras de Pescara, el
inventor del primer helicóptero eficiente en la
historia de la aviación mundial, Juan Vucetich,
el inventor del "Sistema Dactiloscópico argentino
para la identificación de personas", Enrique Fichochietto,
el inventor de más de 200 instrumentos quirúrgicos
aún uso en todo el mundo, y el emblemático Ladislao
José Biro, el inventor del bolígrafo, y el primer
inventor-industrial exitoso en el hemisferio Sur.
Pero es también necesario destacar que, pese a
esta larga tradición histórica de inventores independientes
de "clase mundial", tanto los funcionarios públicos,
como el sector académico y el sector empresario
de nuestro país, nunca han percibido a la comunidad
de inventores independientes como un recurso potencial,
capaz de generar PyMEs de base tecnológica, con
claras ventajas competitivas para generar productos
exportables.
Llegados a este punto, cualquier emprendedor,
funcionario, o empresario que comprenda la importancia
y potencial de la comunidad de inventores, y su
impacto directo en el sistema productivo de un
país, podría preguntarse: ¿Por dónde hay que empezar?,
y ¿Cuáles son las prioridades para diseñar planes
en tal sentido? Esas preguntas podrían comenzar
a responderse si se profundizaran los siguientes
conceptos básicos: ·
-
La innovación como meta nacional.
- La
comunidad de inventores independientes, como
un recurso competitivo renovable.
-
La integración de los mejores y más amplios
recursos materiales y humanos en torno a un
Centro Nacional de Innovación.
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