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INVENTANDO EL FUTURO

 

Por Eduardo R. Fernández

 


"La mejor forma de predecir el futuro, es creándolo..."
(Peter Drucker)

La idea de futuro está íntimamente relacionada con la idea de progreso y desarrollo, como resultado de un proceso que muchas veces está más enraizado en las esperanzas y las opiniones particulares, que en la planificación sistemática y la gestión profesional.

Los conceptos de futuro, de progreso y desarrollo, son básicamente un conjunto de convicciones e intereses que se tejen continuamente en el presente, y que tienen como instrumento de acción a la creatividad, a la iniciativa emprendedora, a la planificación y al trabajo intensivo.

Pero el objetivo de esa visión suele perderse de vista, o suele diluirse cuando el ambiente institucional, cultural y económico financiero en el que se mueven los emprendedores, se torna hostil o indiferente.

Las PyMEs de base tecnológica son y han sido objeto de numerosos análisis e idealizaciones, que no sólo no han sido operativos, sino que contra las declaradas intenciones de promoción y apoyo por parte de las políticas de estado, han distorsionado y bloqueado su normal funcionamiento y desarrollo.

Existe en nuestro país una marcada confusión conceptual relacionada con el significado acabado y profundo de la tecnología, la ciencia, la gestión de las PyMEs, la vinculación potencial entre academia, ciencia, empresa, y la innovación. Circunstancia ésta que impide percibir que la "Gestión de la Innovación " es la "vía regia" para el progreso y desarrollo sostenido de las sociedades modernas.

Dicha dificultad conceptual no sólo se da en los medios de comunicación y en el público en general, en donde sería bastante excusable, sino que se da principalmente en el nivel académico, político y empresarial. Ni las universidades ni los funcionarios públicos ni el sector empresarial, han analizado, comprendido y planificado el potencial de las PyMEs de base tecnológica desde la perspectiva de la "Gestión de la Innovación".

Basten como ejemplos el "Plan Nacional Plurianual de Ciencia y Tecnología, 1998-2000", la "Ley de Fomento a la Innovación" (Ley 23.877), la existencia misma del "Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología", la "Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva", y el "Sistema Nacional de Innovación".

En todos los casos se verifica la existencia de conceptos muy difusos, cuando no completamente erróneos, sobre qué es la innovación y los verdaderos roles de la tecnología (como el saber hacer), y la ciencia (como método de conocimiento), en el proceso de la "Gestión de la Innovación". A tal punto llega la confusión que se habla de "innovación productiva", como si existiera algún otro tipo de innovación, o como si fuera posible la innovación no productiva.

Pero no se trata solamente de distorsiones semánticas o interpretativas, sino que dichos conceptos difusos suelen tener consecuencias prácticas altamente negativas, cuando a partir de ellas se planifican proyectos de alcance nacional que consumen grandes recursos financieros y humanos.

Este entorno de escaso apego al verdadero significado e implicancias de la "Gestión de la Innovación", y de completa indiferencia a las experiencias exitosas a nivel mundial en esta área, no hacen más que vaciar de contenido y significado a los proyectos y discursos que se han lanzado y aún se lanzan, sobre el tema de las PyMEs de base tecnológica.

En países como Canadá, Finlandia, Suecia, Corea, en incluso en Italia y España, más cercanos a nuestra identidad cultural, las PyMEs de base tecnológica, son alentadas, capacitadas, apoyadas y promovidas, como una forma efectiva y genuina de generar fuentes de empleo y productos con capacidad exportadora.

El marco conceptual e institucional para dicho apoyo gira en torno a "Centros Nacionales de Innovación", en donde se entiende y se declara que la innovación es "la introducción exitosa de un nuevo producto en el mercado", sin ninguna otra acepción o interpretación peregrina. En dichos centros, los inventores independientes, emprendedores tecnológicos, técnicos, científicos, empresarios, inversores de riesgo, estudiantes y público en general, encuentran el ámbito y la oportunidad de interactuar y vincularse exitosamente para inventar, desarrollar y comercializar nuevos productos a escala local y global.

Sin embargo cuando en nuestro país se habla de las PyMEs, en general, suele olvidarse o ignorarse, que la mayoría de los emprendedores del sector están dedicados a los servicios, o en algunos casos marginales a la producción de "commodites", o a la fabricación de productos de libre competencia, a las franquicias, o a la explotación comercial de un producto bajo licencias de patentes extranjeras.

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