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Por:
Dr. Francisco De Pedro. Inventor, cirujano
y miembro de la Asociación Argentina de Inventores
(Texto preparado para el WIPO-IFIA Symposium, Buenos
Aires - 2000) Comenzaré
por definir los términos: rol e inventor.
Rol,
función o papel que desempeña una persona, en
un grupo social durante un período de tiempo.
Sociológicamente son los derechos y obligaciones
de un individuo en su contexto social, lo que
dicho grupo espera de él. Históricamente, el término
surge cuando el capitán de un barco, antes de
partir hacia la aventura de un viaje, dejaba un
rollo de papel (rol), a las autoridades del puerto
desde donde se hacía a la mar. Allí consignaba
los nombres de sus marineros y la tarea específica
que cada uno de ellos debía cumplir durante la
travesía.
Inventar viene del Latín: inventum, supino de
invenire: hallar. Hallar o descubrir a fuerza
de ingenio y meditación o por casualidad, una
cosa nueva o no conocida. “Hallar, imaginar, crear
su obra el poeta o el artista”. “Fingir hechos
falsos, levantar embustes”.
Invento:
“Hallazgo y aplicación práctica por primera vez,
de nuevas propiedades, o instrumentos para necesidades
actuales o futuras”.
Siglo
XXI: Es el porvenir. Es entonces evidente
que deberemos hablar del futuro. Nada hay más
difícil, y con tanta chance para quedar desairado
por la realidad, que este tema así planteado.
Pues bien: parte del rol del inventor es esto
mismo que estamos intentando: Auscultar un problema
y tratar de hallarle una solución concreta.
Dado
que somos inventores, intentaremos con coraje
y serena vocación, el cometido propuesto. Estamos
nosotros por partir en un viaje, a navegar en
este difícil desafiante milenio. Nosotros, aquí
reunidos, a la manera de autoridades y capitán,
estamos designando los roles, que aspiramos cumplan
nuestros mejores navegantes (niños, mujeres y
hombres).
Ante
todo, digo que el inventor no es una mercancía,
ni un cautivo, ni un esclavo, porque eso no es
su rol, aunque muchas veces las malas artes del
Mercado se confundan. Para inventar, el inventor
debe disponer de libre albedrío, con derecho a
desarrollar sus ideas creativas, al límite de
las posibilidades, y con sentido ético. No obstante,
como dije, el mundo mercantilista y la dirigencia
política, a menudo se equivocan e intentan adecuar
a ese frío trato, nuestra capacidad inventiva.
Esta actitud esteriliza los mejores logros del
futuro, ya que toma sólo la parte economicamente
lucrativa, o políticamente conveniente de la creación
inventiva.
Estoy
seguro que esta actitud de desconocimiento, además
de cortar el vuelo de sus mejores hombres , ignora
la máxima “Saber es poder”, es un enorme tesoro
que queda sin extraer de las entrañas genuinas
de la inteligencia creativa.
Llamo
la atención sobre un tema importante: nuestra
dirigencia no debe proceder con la “interioridad”
de la célula cancerosa, que multiplicándose, con
un crecimiento exponencial, no tiene en cuenta
al organismo que parasita, y con su crecimiento
monstruoso, finalmente lo mata, muriendo irremediablemente
junto a él.
Hay
formas solapadas de cautividad. Como no se puede
tener cautivo a un inventor, se han desarrollado
complejas madejas económicas y legales para tratar
de explotar y controlar la capacidad creativa
de los inventores. Estas redes interactúan.
Por
de pronto, una manera de ahogar un proyecto, es
no darle recursos, o no fabricarlo. Todos hemos
experimentado la dificultad de conseguir fondos
para desenvolver una idea. A menudo, el mismo
inventor financia los primeros pasos. Cuando consigue
convencerse que ha logrado modelar su invento,
ingresa en el laberinto legal y temporal (En una
fórmula matemática Delta T es la variable del
tiempo de esa ecuación).
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