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La
tarea de los inventores nunca fue fácil en ningún
momento de la historia, más allá de los momentos
de esplendor y auge de inventores e industrias
basadas en nuevas tecnologías, el desarrollo de
nuevos inventos siempre ha sido difícil, riesgoso
y muy caro.
En
la actualidad la gran competencia de un mundo
globalizado, y la complejidad de los desarrollos
tecnológicos ponen a los inventores independientes,
siempre limitados por los recursos financieros
y el respaldo oficial, en serios y permanentes
riegos de fracasar. Pese a que los aspectos técnicos
y financieros son muy importantes en la práctica
profesional de la actividad inventiva, el punto
más crítico y sensible es el aspecto legal, es
decir el grado y alcance de nuestros derechos
de propiedad sobre lo que hemos inventado. Estamos
hablando de las patentes de invención, y protecciones
similares como diseños, modelos, “trade secrets”,
e incluso marcas. Si un inventor no presta debida
atención a los aspectos legales, es muy posible
que aunque los aspectos técnicos y financieros
de su invento sean promisorios, las posibilidades
de licenciar o vender su patente, y las posibilidades
de defenderse ante eventuales infractores de sus
derechos, sean muy limitadas cuando no nulas.
Es aquí cuando el rol de los agentes de patentes
juega un papel determinante, si bien muchos inventores
fuertemente limitados por la escasez de dinero,
deciden hacer los trámites de patentes por su
propia cuanta, ese aparente ahorro en el patentamiento
suele revelarse como un costoso error a la hora
de intentar negociar o defender sus derechos.
Esto se debe simplemente a que raramente un inventor
logra reunir a su talento inventivo con la pericia
y la experiencia necesarias para confeccionar
un documento de patente lo suficientemente sólido
y confiable. Un buen agente de patentes, responsable
y eficiente, debería ser uno de los aliados estratégicos
más importantes que un inventor pueda tener, pero
también su ausencia o falta de idoneidad pueden
preparar el camino para el fracaso futuro. Como
el mundo en que vivimos y la relaciones tanto
personales como profesionales distan mucho de
ser ideales, los inventores deben estar alertas
ante agentes de patentes, agentes comerciales,
inversores, empleados públicos, y los asesores
más diversos, que puedan ser no sólo ineficientes
y torpes, sino además inescrupulosos o estafadores.
En todo el mundo ha habido, y aún los hay, casos
en que dichas personas alientan falsas esperanzas
en los inventores, alabando desmedida o sutilmente
las supuestas bondades de un invento, con el fin
de captar la confianza de un inventor y así poder
vender sus servicios profesionales. Un inventor
sin experiencia e ilusionado con el potencial
de su invento es una persona muy vulnerable ante
los inescrupulosos de las más variadas categorías.
Cuando un inventor decide contratar los servicios
de un agente de patentes o de un agente comercial
que se ofrezca a representarlo, debería llevar
a cabo las siguientes medidas preventivas, y en
ningún caso lamentará en el futuro haberlas realizado,
ya que lo alertará tempranamente sobre el verdadero
potencial de su invento y el real valor e idoneidad
de sus agentes o representantes:
•
Lleve a cabo personalmente, una búsqueda de antecedentes
sobre patentes lo más amplia y profunda que le
sea posible.
•
Consiga una lista de los agentes de patentes registrados
en la Oficina de Patentes local.
•
Trate de conseguir referencias sobre los 5 o 10
agentes más prestigiosos y con mayor experiencia.
•
Visítelos y pida un presupuesto detallado sobre
el trámite de patentamietno tanto en su país como
en los países más importantes del mundo.
•
Solicíteles folletos, antecedentes y referencias
personales sobre su experiencia en la materia.
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